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La iglesia también espera de nosotras.

marco de muestra

“El anuncio del Evangelio concierne a todos en la Iglesia; también a los fieles laicos destinados a esta misión gracias al bautismo y la confirmación. Cuántos beneficios cabe esperar, también para la sociedad civil, del resurgir de un laicado maduro, que busque la santidad en sus quehaceres temporales, en plena comunión con sus Pastores, y firme en su vocación apostólica de ser fermento evangélico en el mundo” (Benedicto XVI).

Consciente de esta verdad, he pasado 33 años de mi vida, dedicada a realizar ese anuncio en el campo de la educación; además, en la medida en que esa fe ha ido madurando, el Señor me ha ido llevando a comunidades en las cuales he podido aportar mi granito de arena.

Desde hace aproximadamente unos 7 años tuve oportunidad de conocer la hermosa obra que lidera el Padre Andrés Fernández, la Pastoral Penitenciaria Católica; a través de esta pastoral, la Iglesia brinda su apoyo al interno y a sus familias, buscando hacer menos doloroso este duro trance. Allí, ya desde las brigadas integrales, desde el Departamento de Familia, o desde la atención a la infancia, hemos podido ayudar a personas que si bien han perdido su libertad, no han perdido su dignidad. A ellos nos encargamos de recordarles que El Señor les sigue amando porque son sus hijos.

Hace casi dos años el Padre Andrés recibió una parroquia, en la cual, además de atender lo concerniente a esta pastoral atiende la feligresía de la respectiva zona. Esa Parroquia es la de Santa Bárbara Centro. La misma está situada en la carrera 7 con calle 5; pertenece a la Zona Pastoral de la Inmaculada y atiende población de estrato 1 y 2. Esto último implica aceptar que allí se debe trabajar con muchas necesidades y muy pocos recursos; pero también nos permite afirmar que todo lo que allí hacemos con las uñas está impregnado de un gran amor y entrega de quienes atendemos a los feligreses, los cuales nos han acogido con un inmenso cariño.

Dentro de los programas que se desarrollan en la Parroquia para los residentes de los respectivos barrios, quiero compartirles aquel que tiene como propósito la educación de la fe en los niños y jóvenes. Como a todos Uds. Nos preocupa sobre manera la carencia tan grande que existe entre los chicos de formación espiritual, del conocimiento de Dios, lo cual se ve reflejado en la forma como los jóvenes se desenvuelven en nuestra sociedad.

El Programa de Catequesis Dominical en Santa Bárbara Centro, no prepara para recibir un sacramento y finalizar con ello un año de presencia en el templo; en cambio, busca la asistencia continua al programa; pretende que los niños y jóvenes permanentemente tengan un encuentro personal con Dios, a través del conocimiento de la vida de Jesucristo. Para ello, el grupo de catequistas, en las reuniones de planeación semanal, organizamos diferentes actividades que apunten a ese objetivo. Allí hemos entendido que una catequesis debe prepararlos no sólo para una fecha especial, sino para toda su vida; para que como imagen y semejanza de Dios, aprendan a vivir en comunión con sus semejantes y con toda la naturaleza creada para su beneficio.

Esta visión de la Catequesis nos exige una metodología activa, la cual incluye una eucaristía especial para niños que se desarrolla cada último domingo de mes, y en donde ellos aprenden haciendo, pero también los catequistas hacemos: nos disfrazamos, cantamos, presentamos títeres, en fin, aportamos todos nuestros talentos para que los niños disfruten mientras aprenden y entiendan que Dios desea verlos felices.

Ha sido uno de los propósitos de nuestro Párroco, que ningún niño deje de hacer su primera comunión por falta del “vestido” que tanto preocupa a los padres; por ello, vendiendo dulces los domingos, hemos logrado comprar unas albas, para que sean utilizadas en esa fecha especial. De igual forma, buscamos cada año personas de buen corazón que nos subsidien un desayuno especial para que podamos mostrarles a esos niños testimonios reales del compartir que Jesucristo nos enseñó.

Ponerse en manos del Señor y dejar dócilmente que sea El quien guíe el camino a seguir en nuestras vidas, trae grandes satisfacciones. Por ello, hoy quiero invitar a las nuevas compañeras, esposas de los estudiantes del Diaconado, aquellas que aún se están preguntando cuál es su papel en esta vocación de su esposo, para que los acompañen, explorando los diferentes carismas que el Señor les haya entregado. Así, sin ser diaconisas, como mujeres también realizamos nuestra vocación y apostolado.

MARIA TERESA PEÑALOZA SÁNCHEZ
04 de noviembre de 2010

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