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Reflexión Evangelio dominical Por el Señor Cardenal Rubén Salazar Gómez

2017-12-10

Reflexión del Evangelio dominical
Por el señor Cardenal Rubén Salazar Gómez

Seguimos avanzando en el Adviento, hoy aparece la figura de Juan El Bautista, que es una de las figuras principales del Adviento porque prepara la llegada del Señor; que nosotros también recibiendo al Señor en nuestro corazón con su palabra, preparemos su llegada en los demás, en el mundo en que vivimos. Escuchemos.


Evangelio según San Marcos

Comienzo del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios. Sucedió como está escrito en el libro del profeta Isaías: “Yo envió a mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino. Una voz grita en el desierto: ¡Preparen el camino del Señor! ¡Ábranle vías rectas! Así se presentó Juan El Bautista en el desierto llamando a todos a convertirse ya va a utilizarse para obtener el perdón de los pecados, y empezó a acudir a él gente de toda Judea y todos los habitantes de Jerusalén; confesaban sus pecados y él bautizaba en el río Jordán. Juan tenía una capa hecha de pelo de camello, y de la cintura para abajo llevaba una prenda de cuero, y comía langostas y miel silvestre. En su predicación decía: “Detrás de mi viene el que es más poderoso que yo”. Yo ni siquiera me merezco agacharme a desatar de la correa de las sandalias. Yo los he bautizado con agua pero él lo va a bautizar con Espíritu Santo.

Palabra del Señor.

Juan El Bautista, un personaje bien interesante, muy propio, muy típico del porque él fue un hombre fundamentalmente de esperanza, Juan, fue aquel que señaló a Cristo Nuestro Señor ya presente en medio del mundo, en medio de la sociedad de ese momento. Él fue el que tuvo la capacidad de descubrir la presencia amorosa, misericordiosa de Dios en la persona de ese personaje Jesús de Nazaret y fue capaz, de ser testigos de esa presencia y de proclamarla.

Ahí tenemos nosotros una imagen de lo que tiene que ser el cristiano; nosotros los cristianos a la luz de la Palabra del Señor descubrimos la presencia del Señor en todos los momentos de la existencia personal y en todos y cada uno de los acontecimientos del mundo en el que vivimos.

Dios está presente en medio de nosotros, pero hay que descubrir esa presencia; muchas veces vivimos como si no estuviera el Señor, le damos la espalda a su presencia, tenemos como discípulos suyos descubrir su presencia y testimoniarla. Ahora, ¿cómo hacemos para testimoniarla? El Papa Francisco contó una anécdota muy simpática, que un día charlando con unos universitarios uno le dijo: ¿Cómo hago yo para convencer a un compañero mío, que es ateo? El Papa le dijo: “Lo último que debes hacer es decir algo, cuidado con decir algo, porque lo que tienes que hacer es testimoniar con tu vida”.

De tal manera, que viviendo nosotros en plenitud la esperanza, la fe, el amor, viviendo la fraternidad, la solidaridad, los demás se interrogan o este vive de una manera diferente, vive lleno de paz y de alegría. Y entonces, sí podemos decir es que el Señor está presente, e invitar a los demás a que descubran también esa presencia del Señor y empiezan a vivir de una manera diferente.

Vamos a pedirle al Señor que Él nos ayude, a que nunca jamás enceguecernos de tal manera que no lo veamos, de tal manera que pensamos que Él no está presente; que nunca haya ningún acontecimiento en nuestra vida personal o social, que pensemos que es el acabose, que es algo sin solución, que es algo en el cual realmente Dios no está. No, Dios está siempre y está siempre como padre amoroso, como padre misericordioso, como padre lleno de ternura que cuida de cada uno de nosotros. A veces no entendemos muy bien, pero lo importante es que siempre tengamos esa certeza; de tal manera que podamos abrir nuestro corazón para recibir esa presencia amorosa del Señor y seamos capaces de testimoniarlo con una vida llena de paz, de serenidad, de alegría en medio de las dificultades con una vida de fraternidad, de solidaridad y de servicio a los demás.

La bendición de Dios Todopoderoso; Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.