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Volver a lo fundamental “Relación fe y vida”

columnista

Creer sin ver es lo razonable, lo que tiene sentido y da sentido al humano vivir. El progreso tecnológico y científico no ofrece duda. Pero el hombre está cayendo nuevamente en el pecado de la Soberbia, como sucedió al principio, desobedeciendo y retando a Dios. El hombre contemporáneo piensa y lo más grave, se lo cree, que en la medida que avanza en su desarrollo científico y tecnológico, puede desconocer e ignorar a Dios.

Un hombre de mente brillante como Albert Einstein con humildad decía que “detrás de cada puerta que abre la ciencia, siempre esta Dios”, resulta incomprensible que no entendamos que lo que consigue el ser humano, es don y gracia de Dios. En otros casos, el hombre llega al punto que, como sucede con los grandes potentados, que creen en Dios, pero que terminan usando y sirviéndose de Dios, invirtiendo la lógica de Dios, mediante la cual ellos a cambio de servir a los demás, los explotan para servirse a ellos mismos.

Ese afán desmedido de poseer, le quita la posibilidad al ser humano, de darle trascendencia a su vida, olvidando que estamos de tránsito por este mundo, y que inexorablemente de este mundo, todos partiremos y nuestra meta es mas allá. Hay personas que son peligrosamente inseguras en su vida, precisamente por su afán inmediato de seguridad. La búsqueda de la seguridad inmediata hace a las personas tremendamente inseguras, porque las sitúa en un ámbito extraordinariamente frágil. Pareciera que el hombre, pudiera instituir entierros con trasteo. Nada de lo que consiga acá, lo va a necesitar cuando parta de esta vida. El hombre trata en ese sentido de darle trascendencia a lo intrascendente, olvidándose que Dios lo envió al mundo, entre sus misiones a compartir, buscando una sociedad contraste, una sociedad igualitaria, basada en el amor. Misión que le permite volver al Padre Creador y presentarle el balance de su gestión, no solamente desde el punto de sus obras materiales, sino diciendo con esas obras materiale
s que beneficios generó para sus hermanos.

El Creador, nos dio un planeta ordenado y en perfecto equilibrio, pero el hombre en su desmedido afán, creyéndose autosuficiente y dueño de la vida terrenal, ha creado un desequilibrio, reflejado en desforestación, inundaciones, recalentamiento del planeta, y es cuando aparece la soberbia, más preocupante y desafiante hoy en día, con la clonación de seres vivos, queriendo quitarle a Dios, su potestad sobre la vida. Ahora, el confort creado por el hombre, lo ha distraído de su verdadero propósito de la eternidad.

La pregunta es, vale la pena disfrutar 60, 70 o acaso 100 años de confort y comodidad terrenal, con el riesgo de perder el norte de la salvación en la Eternidad.? El progreso del hombre moderno, pareciera que lo insensibiliza respecto de la razón de ser. El hombre en su relacionalidad intrascendente, busca experiencias del hombre por el hombre, pero repite sus errores, ignorando a Dios, como la razón de su existir. Para los creyentes, -para los cuales Dios está en su corazón- resulta incomprensible, ver como el hombre a desplazado al Ser Superior, por el afán de lo inmediato, y de lo sensible que produce placer físico y sensorial, a cambio del gozo en el espíritu.

Pero ¿cómo andamos en humanidad, en humanismo?. Dicho de manera simple, el hombre contemporáneo es alguien que «no sabe, no responde» o donde todo es nada. La desigualdad creada por los hombres nos hace desconfiar de Dios, desconociendo la propia dignidad del ser humano y la de los demás. De ahí que muchas esperanzas se cifren en vivir el mayor tiempo posible lo más cómodamente posible, caiga quien caiga; comamos y bebamos, que mañana moriremos. El hombre moderno ha distorsionado el sentido del amor, orientándolo a la realización unipersonal, poniendo su razón de ser en las cosas, y no en las personas. El hombre ha puesto su amor, en lo temporal, y no en lo trascendente, y por eso no le encuentra sentido a la vida. La fe cristiana nos dice que Dios premiará a los que hayan realizado el sentido de su existencia. Pero también nos enseña que esa recompensa tendrá lugar en la “otra vida”, es decir, no en el mismo ámbito de existencia en que realizamos nuestras acciones. Esa felicidad futura debe ser conocida y de
be ser objeto de esperanza, pero no debe ser orientación concreta de la conducta.

Aprovechemos este tiempo de pascua, para dar el paso que convierta los corazones ambiciosos, en corazones a la manera de Jesús, es decir de servicio solidario y humilde, que le dé sentido a la caridad cristiana y trascendencia a nuestra vida terrenal.

Diacono Permanente Pablo Benavides González
Ingeniero de Sistemas.
Especialista en Auditoria de Sistemas y Seguridad Informática
Consultor Empresarial.

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